Un día como hoy nació Ángela Ruiz Robles

 Un día como hoy nació Ángela Ruiz Robles

Inventó el precursor de lo que conocemos hoy en día como el ebook

@Fonema/Redacción

Maestra, pedagoga e inventora española, reconocida como la precursora del libro electrónico. Nació en Villamanín (León), hija de una familia acomodada (de padre farmacéutico y madre ama de casa). Cursó estudios superiores en la Escuela de Maestras de León, donde impartió sus primeras lecciones entre 1915 y 1917, enseñando taquigrafía, mecanografía y contabilidad mercantil. En esa época (1916), Ruiz Robles ya concibió su primera invención, un sistema taquigráfico (perfeccionado y desarrollado más tarde por su creadora en la década de 1940). En 1917, fue nombrada maestra y directora de la escuela de La Pola de Gordón (León) por acuerdo unánime de su junta municipal. Un año después, se desplazó a la pequeña aldea coruñesa de Santa Uxia de Mandía, cercana a Ferrol, tras ganar una plaza de maestra en las Oposiciones de Magisterio Nacional.

A lo largo de su trayectoria profesional docente, Ruiz Robles se caracterizó por una vocación innovadora e inconformista, de servicio desinteresado, comprometido y entusiasta hacia sus alumnos y su comunidad, pero a la vez con un propósito metódico y práctico, dando una gran importancia a la enseñanza de idiomas, al aprendizaje intuitivo o al uso de ilustraciones, siempre preocupada por la evolución del sistema educativo y de dar respuesta a los problemas del mismo.

Entre 1938 y 1970, Ruiz Robles publicó dieciseis libros de texto sobre diversas materias como ortografía, taquigrafía, mecanografía, gramática, historia y geografía. En dos de ellos, editados en 1938 y 1941, describía un sistema taquigráfico con el que escribir y traducir de manera más veloz gracias a una máquina con nuevos signos y caracteres enlazados de modo sencillo y sistemático, basados en las vocales martinianas, así llamadas en alusión al grabador valenciano Francisco Martí Mora (1761-1827), fundador de la taquigrafía española (1802) e inventor, además, de la pluma estilográfica (1803). Asimismo, el sistema de Ruiz Robles podía implementarse en cualquier idioma, incluido el esperanto, lengua artificial que ella misma conocía y que había sido creada como idioma universal en 1887 por el médico polaco Ludwik Zamenhof (1859-1917) a partir de una síntesis de las principales lenguas indoeuropeas, pero cuya práctica en la España franquista era desaconsejable al estar asociada con el marxismo y el anarquismo.

En 1949, registró su primera patente (no. 190.968) bajo el título de “procedimiento mecánico, eléctrico y a presión de aire para lectura de libros”. En la memoria descriptiva, Ruiz Robles expuso los objetivos de su invento: innovar la enseñanza para que fuese más intuitiva y amena, conseguir el máximo de conocimientos con un mínimo esfuerzo y adaptar el libro al progreso tecnológico (ejemplificado en la electricidad y los plásticos). Se trataba de que las lecciones de cada asignatura estuviesen separadas y dispuestas en diversas placas (hojas) que al ser accionadas mediante unos sencillos pulsadores se elevarían (mecánicamente o por aire comprimido) hasta mostrarse al alumno a través de una pantalla de plexiglás transparente y con capacidad de aumento. El aparato también tenía previsto que la página, al mostrarse, se iluminara mediante un pulsador eléctrico (activando una pequeña bombilla alimentada con pila) o mediante fosforescencia. Al ser un invento dirigido a los niños, la inventora tuvo en cuenta que no fuera ni pesado ni voluminoso y de fácil manejo, por lo que debía ser construido con materiales ligeros (plástico, goma elástica, papel, cartulina).

Aunque no aparecen reflejadas en la patente, Ruiz Robles diseñó para el “libro mecánico” (como ella misma lo denominó) dos placas para la enseñanza de gramática y de matemáticas con el dibujo de un cerdito flautista en el que aparecen inscritas varias cuestiones y sus respuestas, de manera que si, por ejemplo, se pulsaba la palabra “verbo”, entonces se iluminaba el texto “la palabra que expresa las acciones”, lo cual en sí mismo ya representaba un insólito y pionero ejemplo de enlace hipertextual, algo que no se realizará por completo hasta la llegada de internet a finales del siglo XX.

Al menos desde 1952, Ruiz Robles estuvo trabajando en su “Enciclopedia Mecánica”, un proyecto todavía más audaz y perfeccionado que el libro mecánico patentado años atrás. La inventora buscaba resolver los problemas de las enciclopedias escolares al uso, como su excesivo volumen o los desequilibrios en la extensión y comprensibilidad de los contenidos, que las convertían en productos caros, engorrosos, poco prácticos y sin unidad como libro. Las principales novedades eran la inclusión de superficies donde realizar anotaciones y borrar sucesivamente lo escrito, así como de elementos sustituibles con los que configurar la enciclopedia según las circunstancias culturales del momento y también un estuche para guardarla y portarla con comodidad.

Durante ese tiempo, Ruiz Robles intentó construir su enciclopedia, aunque sin éxito, debido a lo costoso de la inversión y al escaso apoyo de las autoridades educativas, así que decidió en 1962 registrarla bajo patente (no. 276.346) con el título “un aparato para lecturas y ejercicios diversos”. No obstante, la idea patentada suponía una simplificación del proyecto original, ya que se suprimían los sistemas mecánicos de pulsación y la iluminación, careciendo además su diseño de la anterior división en dos partes móviles, de modo que abecedarios y bobinas quedaban acopladas en el frontal de una caja compacta. El nuevo modelo diferenciaba dos áreas, una consagrada al aprendizaje de conocimientos elementales (lectura, escritura y cálculo) y donde las letras de los abecedarios eran seleccionadas pasando el dedo, mientras que la otra estaba dedicada al estudio de asignaturas, ahora dispuestas en tres pequeñas bobinas desplegables horizontalmente a mano y que se desplazaban igualmente detrás de una pantalla transparente con cualidades ópticas. El nuevo proyecto conservaba la idea de una lámina de plástico (abatible en este caso) para hacer anotaciones. La principal novedad respecto a la enciclopedia original era la inclusión de sonidos grabados y de diversos compartimentos para guardar las bobinas, material escolar de dibujo y pequeños instrumentos científicos (reloj, brújula, termómetro, barómetro).

Aquel año, en los talleres del Parque de Artillería de Ferrol, llegó a ser construido un prototipo, hecho en bronce (abecedarios), madera (bobinas) y zinc (caja), con unas dimensiones de 24 cm de alto por 22 de ancho y 6 de fondo, pesando en total algo más de 4,5 kg. Sin embargo, nuevamente los altos costes de producción impidieron su difusión comercial. En 1970, Ruiz Robles tuvo una propuesta para explotar económicamente su invento en los Estados Unidos, pero la rechazó porque quería que los beneficiarios fuesen exclusivamente los españoles. Un año después, la compañía Instituto Técnico de Especialistas en Mecánica Aplicada, S. A. (ITEMASA) se interesó por la enciclopedia y realizó un plan de viabilidad que preveía la fabricación de 10000 unidades en acero y plástico, cada una con un peso de 150 gramos y a un precio entre 50 y 75 pesetas (asequible a todas las familias). Pero, una vez más, la cantidad de dinero (100.000 pesetas) que la inventora debía desembolsar escapaba a sus posibilidades.

A parte de la curiosa máquina para leer libros referida en 1588 por el ingeniero e inventor italiano Agostino Ramelli (1531-1600), en realidad tanto el propio libro impreso como sus procedimientos de lectura han permanecido durante siglos en un estado de relativa inmutabilidad tecnológica que sólo ha sido alterado con la irrupción de las nuevas tecnologías cibernéticas de las últimas dos décadas. Anteriores o contemporáneos al invento de Ruiz Robles han quedado consignados en los depósitos de patentes algunos ejemplos de inventores de Gran Bretaña, Estados Unidos y Bélgica en relación a máquinas y dispositivos para el aprendizaje de la mecanografía, construcción de palabras y números con fines pedagógicos, asociación entre palabras e imágenes, incremento de la concentración y la memoria o enseñar a deletrear. Pero ninguna de esas novedades presentaba como las patentes de la maestra española tal unidad de invención en la que distintos elementos técnicos y pedagógicos independientes (incorporación de sonido, aumento de gráficos, autoiluminación, posibilidad de escritura, portabilidad, enlaces textuales, información multimodal, contenidos actualizables, multidisciplinariedad) apareciesen coordinados a un solo fin: reunir en poco espacio y con poco peso la mayor cantidad de materias escolares posible.

De todo lo anterior resulta que estos dos inventos de Ruiz Robles pueden ser considerados auténticos precursores del libro electrónico o “e-Book”, evidentemente en la justa medida en que prefiguran muchos de sus rasgos dinámicos e interactivos antes que por la propia tecnología informática que lo verá nacer. Actualmente se considera que el empresario y filántropo norteamericano Michael Hurt (1947-2011) fue el inventor de la idea misma de libro electrónico, cuando fundó en 1971 el Proyecto Gutenberg con el fin de volcar libros físicos en una biblioteca virtual programada en una computadora conectada a una red telemática.

En la estela de su investigación pedagógica, Ruiz Robles publicó en 1958 el Atlas Científico Gramatical, un avanzado libro de texto en el que eran reconocibles las ideas del aprendizaje significativo como conjunto de relaciones y del autoaprendizaje como construcción de la estructura del conocimiento por parte el alumno, muy en la línea de las tesis psicológicas del soviético Lev Vygotski (1896-1934) y del suizo Jean Piaget (1896-1980), planteadas respectivamente en las décadas de 1930 y 1950. En el atlas de Ruiz Robles los conceptos teóricos eran equivalentes a objetos que se representaban en un mapa y estaban unidos mediante relaciones de interdependencia. Consistía en un libro desplegable con información sobre gramática castellana y geografía española que se repartía en lecciones separadas pero conteniendo asociaciones de conceptos, permitiendo así al lector tener visible y relacionada toda la información.

Además de las distinciones ya mencionadas, Ruiz Robles disfrutó de otros galardones y condecoraciones: Medalla de Oro y Diploma en la Exposición Nacional de Inventores (1952), Lazo de la Orden de Alfonso X el Sabio (1956), Óscar a la Invención en la Feria de Zaragoza (1957), Medallas de Bronce (1957 y 1958) y de Plata (1963) en la Exposición Internacional de Inventores de Bruselas, Medallas de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1964), del Salón Internacional de Inventores de Ginebra (1970) y del Salón de la Inventiva de Madrid (1970). Fue nombrada gestora delegada de la Agrupación Sindical de Inventores Españoles (1959) y jefa provincial de la Federación Politécnica Científica de Inventiva Internacional (1973). Ángela Ruiz Robles falleció en Ferrol.

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