¿La mujer sufre más trastornos de salud mental?

 ¿La mujer sufre más trastornos de salud mental?

Ser mujer se considera un factor de riesgo cuando hablamos de salud mental

@Fonema / Redacción 

Para entender el porqué de la violencia contra las mujeres debemos poner en la mesa el termino de androcentrismo que se suma el sistema patriarcal que trae desigualdades claramente desfavorables para las mujeres por la lectura que aplica de diferencia de género.

El género no tiene que ver con la biología, sino que es una definición de mujeres y hombres construida socialmente y con claras repercusiones políticas. En la mayoría de las sociedades, la mujer tiene un menor estatus social que el hombre, y esto se traduce en relaciones de poder desiguales.

La mujer se encuentra en condiciones de inferioridad en la familia, en la comunidad y en la sociedad en general: tienen menos grado de acceso a los recursos y de control sobre estos, con menos peso en la toma de decisiones.

La sociedad patriarcal ha puesto límites al desarrollo de las mujeres ya que las considera inferiores, con más malestares o más debilidades que los hombres. Esto conlleva que el abordaje de la salud de las mujeres esté sesgado.

Esta desigualdad social coloca a la mujer en una posición de riesgo de sufrir más problemas de salud mental. Por ello, incorporar la perspectiva de género en la salud pública implica abordar la influencia de los factores sociales, culturales – que son cuestionables y modificables- y biológicos en los resultados sanitarios para mejorar, así, la eficiencia, la cobertura y la equidad de los programas de salud.

¿Cuáles son estos factores?

Violencia machista: las mujeres pueden sufrir diferentes tipos de violencia tanto en la infancia como en la edad adulta. En la infancia, el más grave y específico de género, es el abuso sexual.

La prevalencia del abuso sexual infantil es difícil de estudiar dado que en muchos casos las agresiones no se denuncian en el momento en que se sufren y a menudo tampoco se cuentan más adelante. Aun así, los resultados de la mayoría de estudios la afectación oscila entre el 20 y el 25% en niñas y entre el 10% y 15% en niños. Un factor de mayor gravedad es cuando el abuso sexual se sufre por parte de un familiar.

A parte de la gravedad de la violencia en el momento en que se produce, las mujeres que han sufrido abuso sexual tienen un riesgo alto de presentar patología mental en la vida adulta. Un trastorno que parece relacionado con el abuso sexual es el trastorno límite de la personalidad.

El abordaje del aumento de la violencia intrafamiliar durante la pandemia

Otro tipo de violencia grave es la agresión sexual. Se calcula que un 10% de las mujeres europeas han sufrido violencia sexual. Al estrés de la violencia sufrida, tanto en el caso de abuso sexual como de las violaciones, se suma el estrés que comporta la denuncia. La mujer aún sigue teniendo que demostrar, frecuentemente, que ellas no son responsables de la violación y hay muchos agresores que no son castigados.

Por último, tenemos la violencia sufrida por parte de su pareja o expareja que puede ser psicológica, física o sexual Investigaciones recientes revelan que entre un 20 y un 40% de las mujeres sufren violencia física o sexual por parte de su pareja. Estas mujeres tienen más riesgo de sufrir uno o más trastornos mentales. Más del 50% de las mujeres que han sufrido violencia sufren un trastorno de estrés postraumático que, frecuentemente, convive con otros trastornos como depresión, fobia o abuso de sustancias.

Estereotipos

Los estereotipos están firmemente anclados en la sociedad. Nos pautan, de forma irracional, cómo debemos valorar comportamientos y actitudes de hombres y mujeres.

Algunos de estos estereotipos son que las mujeres son más intuitivas, más pasivas, más sumisas y más débiles que los hombres, pero también más inestables psicológicamente. Estos estereotipos tienen, en general, una connotación negativa, tanto los asociados a las mujeres como a los hombres.

Además de los estereotipos, los roles sociales también están asignados en función del género. Los roles sociales de mujeres y hombres no sólo son diferentes, sino que conllevan desigualdad y discriminación.

El rol de cuidadora – Las tareas relacionadas con el hogar como son las domésticas y el cuidado de las personas dependientes, que supone una carga física y mental, se consideran femeninas en todas las culturas. Estas tareas no tienen ningún reconocimiento social.

Discriminación laboral – Muchas mujeres que han sido madres sufren acoso laboral o despidos al reincorporarse después de una baja por maternidad.

Doble jornada – Los roles siguen claramente designados y se considera que es la madre quien debe hacerse cargo de los niños. Este hecho obliga a las mujeres que son madres trabajadoras a hacer una doble jornada

La presión de la maternidad – Se considera socialmente que todas las mujeres desean ser madres. En estos casos la presión social se convierte en un tema biológico, cuando se habla del reloj biológico como si la maternidad fuera obligatoria.

Objeto sexual – La consideración de la mujer como objeto que debe cuidarse a sí misma para ser sexualmente atractiva para los hombres o esconderse para no ser una tentación sigue vigente. En nuestra cultura, se valora la juventud y la delgadez, con un coste muy importante para muchas mujeres.

Todos estos factores empeoran el estado de salud de las mujeres porque comportan una serie de requisitos, a veces contradictorios, que pueden aumentar el estrés y porque, las limitaciones del rol de género que se asocian a la menor capacidad de elección y la sobrecarga derivada de la dificultad de conciliar roles aumentan el riesgo de sufrir depresión y ansiedad.

Factores Sociales

No podemos perder de vista factores sociales que influyen en la salud de las personas como la pobreza, la clase social, el mercado laboral o la migración. En todos estos factores también hay una especificidad de género en mayor o menor grado.

Hablamos de la brecha salarial entre hombres y mujeres y la mayor precariedad en el mercado laboral para las mujeres. Hablamos de mujeres migrantes que llegan solas, que mantienen con su trabajo a la familia que se ha quedado en su país de origen y que, normalmente, solo pueden acceder a trabajos domésticos sin contrato laboral.

Hablamos de mujeres mayores, que tienen un nivel de pobreza mayor que los hombres porque cobran pensiones más bajas o, simplemente, no tienen pensión porque se han dedicado al trabajo doméstico no remunerado o al cuidado de otros.  Hablamos de mujeres muy mayores (las mujeres tienen una esperanza de vida superior a los hombres) con problemas de salud crónicos que ponen en riesgo su salud mental.

Las mujeres sufren más trastornos de salud mental por motivos múltiples pero asociados sobre todo a problemas estructurales de nuestra sociedad y cultura que conlleva una desigualdad social de género.

 

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