Así fue “El Mundo de Cri Cri” en el Teatro Chucho Monge
Lo bueno; lo malo; lo que hay que mejorar y la alegría de los niños
@Karla Ayala
Desde que fue inaugurado el Teatro de Chucho Monge, en ese entonces en el Poliforum, no lo había visto tan lleno, pero con tanta energía bonita de niños nunca se había sentido, por lo menos yo no había sido testigo.
Poco a poco se llenó el Teatro
Los niños acompañados de papás y hasta abuelos llegaron desde las 6 de la tarde, los expertos que han ido a otras actividades en este Teatro se llevaron sus cartones para estar más a gusto porque después de dos horas cala el cemento duro, primero se llenaron las gradas de en medio y después los costados y las más altas.
El viento no ayudó mucho, sobre todo porque se trató de un evento netamente infantil, sin embargo, eso no importó para que la audiencia se quedara sentada durante dos horas a escuchar los cuentos y canciones que la compañía del Festival de Títeres de Morelia a cargo de Andrea Finck presentó la tarde del viernes.
Lo que se puede mejorar
Tres cosas pude apreciar como oportunidades para mejorar el espectáculo en próximas presentaciones en el Teatro Chucho Monge.
La primera tiene que ver con las salidas de emergencia, debido a que hubo mucha audiencia, después de que comenzó la función de títeres, los espectadores se sentaron en las escaleras que sirven de acceso.
Por el tema de que estaban niños presentes, así como adultos mayores, en caso de un sismo o un incidente, salir saltando personas podría generar accidentes. Lo mismo aplica para los que fueron al baño durante el evento, fue complicada la maniobra y muy riesgosa cuando se trae un niño cargando.
La segunda, se trata de los baños, aunque están en buenas condiciones para nada estaban limpios, tenían mal olor y el piso estaba muy sucio.
La tercera cosa a mejorar es la rampa, la cual fue utilizada por los asistentes, ya que los organizadores pedían que subieran y bajaran, pese a que no tenía señales. En la entrada, cuando era de día se pudo ver un montículo de tierra que estorbaba el paso; en la salida, cuando era de noche, estaba sin luz, además de que se llenó de personas porque fue la única salida que se utilizó.

Lo mejor
Lo más bonito fueron las canciones, así como la iluminación que en el fondo del teatro acompañó a los títeres. Mi favorito el Negrito Bailarín.
Definitivamente la abuela me cayó mal, era muy gritona y enojona. Creo que ese era el personaje y logró perfecto el cometido. Los niños participativos y los adultos regresamos a ese mundo mágico de Cri Cri que nos marcó en nuestra niñez. En general fue un acierto para el Colegio de Morelia.



