Michoacán 2027: Torres Piña encabeza las encuestas, pero la historia exige unidad
Por Isabel Rodríguez
Morena está a las puertas de una definición que marcará buena parte del escenario político michoacano rumbo a 2027. La propia dirigencia estatal ha señalado que la determinación de quien encabezará la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía está próxima.
Pero la historia electoral de Michoacán no se escribirá únicamente con el nombre que aparezca en la boleta.
Se escribirá con la capacidad de construir un proyecto.
Con la posibilidad de mantener unido al movimiento.
Con la responsabilidad de no anteponer intereses personales.
Y con la claridad de que gobernar no significa administrar el poder, sino responder ante una sociedad que exige resultados.
Por eso, más allá de quién gane la definición interna, hay una obligación que debería ser irrenunciable: decidir si la sucesión será una disputa interna por el poder o la construcción de un proyecto político capaz de responder a las necesidades reales de las y los michoacanos.
Y en este escenario hay un dato que difícilmente puede ignorarse.
Las mediciones publicadas durante las últimas semanas colocan a Carlos Torres Piña como el perfil mejor posicionado dentro de Morena. La encuesta AIMSA-Quadratín, levantada a finales de agosto, le otorgó 29% de las preferencias internas, nueve puntos por encima de Gladyz Butanda y once sobre Raúl Morón. CE Research, en su medición de septiembre, también lo colocó como el morenista más aventajado. Rubrum, por su parte, registró 31.5% para Torres Piña.
Ahí está el verdadero desafío.
Torres Piña tiene hoy una ventaja en las encuestas; el gran reto está en convertir ese capital en unidad
Los números colocan a Carlos Torres Piña en una posición favorable. Eso es un hecho que las mediciones recientes permiten observar.
Si Torres Piña finalmente recibe la responsabilidad de encabezar la coordinación rumbo a 2027, su principal reto no será demostrar que ganó una encuesta.
Tendrá que convocar a quienes participaron en el proceso, sumar capacidades, evitar la lógica de vencedores y derrotados
y construir un programa que no sea patrimonio de una corriente, sino una propuesta para todo Michoacán.
Porque gobernar Michoacán requiere la posibilidad de convertir distintas expresiones políticas y sociales en una misma dirección estratégica.
El próximo gobierno tendrá que enfrentar problemas estructurales: seguridad, desigualdad, infraestructura, desarrollo económico, migración, campo, educación, salud, movilidad, medio ambiente y fortalecimiento institucional.
Por ello, la sucesión no puede reducirse a una pregunta de nombres.
La pregunta de fondo debería ser:
¿Qué proyecto necesita Michoacán para los próximos seis años?
Y después:
¿Quién tiene la capacidad política para encabezarlo?
Ese orden importa.
Porque cuando la política comienza por la ambición personal y termina buscando justificar un proyecto, el resultado suele ser la fragmentación. Sin embargo, Cuando comienza por las necesidades de la sociedad y encuentra después a quien pueda encabezarlas, estamos hablando de política en su sentido más profundo.
La 4T no puede convertirse en patrimonio de nadie
Aquí aparece uno de los debates centrales.
Morena nació como un movimiento que cuestionó precisamente la política entendida como patrimonio de grupos, familias o intereses particulares. Su fortaleza electoral no surgió de una persona aislada, sino de millones de ciudadanas y ciudadanos que encontraron en la Cuarta Transformación una alternativa frente a un régimen que durante décadas había convertido el poder en privilegio.
Por eso sería una contradicción histórica que, llegado el momento de definir Michoacán, algún interés personal pretendiera colocarse por encima del proyecto colectivo.
Nadie debería apropiarse de la 4T.
Ni un grupo.
Ni una corriente.
y construir un programa que no sea patrimonio de una corriente, sino una propuesta para todo Michoacán.
Porque gobernar Michoacán requiere la posibilidad de convertir distintas expresiones políticas y sociales en una misma dirección estratégica.
El próximo gobierno tendrá que enfrentar problemas estructurales: seguridad, desigualdad, infraestructura, desarrollo económico, migración, campo, educación, salud, movilidad, medio ambiente y fortalecimiento institucional.
Por ello, la sucesión no puede reducirse a una pregunta de nombres.
La pregunta de fondo debería ser:
¿Qué proyecto necesita Michoacán para los próximos seis años?
Y después:
¿Quién tiene la capacidad política para encabezarlo?
Ese orden importa.
Porque cuando la política comienza por la ambición personal y termina buscando justificar un proyecto, el resultado suele ser la fragmentación. Sin embargo, Cuando comienza por las necesidades de la sociedad y encuentra después a quien pueda encabezarlas, estamos hablando de política en su sentido más profundo.
La 4T no puede convertirse en patrimonio de nadie
Aquí aparece uno de los debates centrales.
Morena nació como un movimiento que cuestionó precisamente la política entendida como patrimonio de grupos, familias o intereses particulares. Su fortaleza electoral no surgió de una persona aislada, sino de millones de ciudadanas y ciudadanos que encontraron en la Cuarta Transformación una alternativa frente a un régimen que durante décadas había convertido el poder en privilegio.
Por eso sería una contradicción histórica que, llegado el momento de definir Michoacán, algún interés personal pretendiera colocarse por encima del proyecto colectivo.
Nadie debería apropiarse de la 4T.
Ni un grupo.
Ni una corriente.


