Rojo, hinchado y lleno de puntitos se puso mi bebé y este fue mi error

Estas son las aventuras de una mamá desastrosa

@Karla Ayala

Cuando tocó el tiempo de comprarle ropa a mi niño, el atuendo que más me importó fue el que tenía que llevarle al hospital. Si queridas amigas, ese momento de recibir a mi chiquitín lo imaginé, soñé y construí en mi cabeza una y otra vez, pero nada fue como lo imaginé, todo giró con su propio orden y la verdad es que me sorprendió cada cosa sucedida en el momento de dar a luz y dar vida.

Son muchos los videos que vi para hacer una idea de qué tenía que llevar al hospital, las cobijas eran mi debilidad, las compré muy azules, calientitas y suavecitas, pero muy bromosas y nada manejables de llevar.

En el momento de hacer mi maleta y armar la pañalera metí de todo, casi como si me fuera de vacaciones tres días a la playa. La pañalera quedó repleta de cosas, dos cambios al día por si se ensuciaba, ahí resalta mi error grave, mi ignorancia en su totalidad porque los recién nacidos no se mueven y poco se ensucian.

Lo puse ordenado por cambios, desde pañalero, calcetines, pañal, suéter y pantalón, todo marcado para que mi mamá no se le olvidara en el momento de pasar el cambio a la enfermera, eso después de que por fin salió el chiquillo de la barriga.

Les confieso que estaba como niña con muñeca nueva, todo lo tenía ordenado. Le compré un suéter azul marino con botones de conejito, está hermoso, ese lo conservo porque literal parece ropa de muñecas, pero, nunca se pudo apreciar en las fotos y ni con las visitas que a la habitación llegaron, ya que el recién nacido hizo su presentación hecho taco con una cobija azul pachona que le llevé.

Claro que me encantaba la cobija, lo malo es que en las fotos solo salió pura cobija y una carita de bebé en el centro.

Lo desastroso fue cuando el niño comenzó a ponerse lleno de puntitos rojos, parecía que tenía sarampión y cada vez salía más el salpullido. Comenzamos todos a preocuparnos y sino fue porque la pediatra llegó a despedirse a la habitación, nunca hubiera notado el grave error que cometí en la selección de su ropa y tampoco se hubiera ido a lo que yo llamé “el mal del jitomate”.

Pues resulta que como su piel es nueva, literalmente, nunca antes puesta una prenda en tan hermoso cuerpecito que yo hice solita en mi panza, que las fibras sintéticas, sobre todo de la que estaba hecha la cobija, provocaron la reacción de salpullido en tan delicada piel.

Recomendación madres primerizas.

Compren ropa de algodón y las cobijas pachonas que están suavecitas son las que más fibras sintéticas tienen, ahí están mejor las sabanitas de algodón que una cobija como tal.

Además, en primavera y verano no son necesarias, como fue el caso mío que estaba haciendo calor húmedo y sofocante, en una habitación llena de ventanas que provocaba más calor, con un montón de gente que llegó a saludar y sin poder prender el aire acondicionado para no afectar la salud del recién nacido. ¡En pocas palabras aquello fue un horno total!  

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