📊 Persisten brechas de género en el mundo laboral pese a avances históricos de las mujeres
La participación de las mujeres en el trabajo remunerado ha crecido de manera paulatina a nivel global, impulsada por distintos factores históricos como la demanda de mano de obra durante la Revolución Industrial del siglo XIX y la necesidad de cubrir espacios laborales durante conflictos armados como la Segunda Guerra Mundial.
@Fonema / Redacción
A ello se suman las luchas de los movimientos feministas que han exigido condiciones dignas, igualdad salarial y acceso a oportunidades laborales.
En México, para 2025, el 46 por ciento de las mujeres participan en actividades económicas. Sin embargo, su presencia se concentra mayoritariamente en el sector servicios, lo que evidencia que la segregación ocupacional sigue vigente. Desde el entorno familiar y educativo, muchas mujeres continúan siendo orientadas hacia profesiones consideradas “femeninas”, como enfermería, educación o labores administrativas.
A pesar de su creciente preparación académica —incluyendo licenciaturas y posgrados—, las mujeres enfrentan condiciones desiguales en el mercado laboral. La diferencia en remuneraciones respecto a los hombres con la misma formación persiste, fenómeno conocido como brecha salarial.
Otro factor relevante es la alta participación femenina en la informalidad. Se estima que casi dos tercios de las trabajadoras en México laboran en condiciones informales, con bajos ingresos y sin acceso a seguridad social.
Además, el trabajo doméstico y de cuidados continúa recayendo de forma desproporcionada en las mujeres. Aunque no es remunerado, este conjunto de actividades representa cerca del 24 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, lo que refleja su importancia económica y social, pese a la falta de reconocimiento.
Especialistas señalan que la brecha de género en el país alcanza un 38 por ciento en términos de oportunidades laborales y salariales. A ello se suma el llamado “techo de cristal”, una barrera invisible que limita el acceso de las mujeres a cargos de alta dirección en distintos sectores.
No obstante, en años recientes se han registrado avances significativos. Ejemplo de ello es la llegada de Claudia Sheinbaum Pardo como la primera mujer en ocupar la Presidencia del país, así como la proyección internacional de figuras como Katia Itzel García Mendoza en el ámbito deportivo, y el reconocimiento intelectual de Cristina Rivera Garza en espacios de alto nivel académico.
Pese a estos logros, especialistas coinciden en que aún son casos excepcionales. La brecha de género persiste como un desafío estructural que requiere políticas públicas, cambios culturales y acciones sostenidas para garantizar condiciones de igualdad en el ámbito laboral.


