Justicia que duele: el caso de Leyla Monserrat y una sentencia que deja preguntas abiertas

 Justicia que duele: el caso de Leyla Monserrat y una sentencia que deja preguntas abiertas

• La madre de la víctima cuestiona la resolución y exige justicia proporcional al daño

@Karla Ayala 


La sentencia contra dos menores de edad responsables del feminicidio de Leyla Monserrat, una adolescente de 15 años, ha sacudido la conciencia social y reabierto el debate sobre los alcances del sistema de justicia para adolescentes en México.

El fallo judicial determinó una pena de 2 años y 10 meses de prisión para una de las implicadas, mientras que la otra recibió libertad asistida, además de fijarse una reparación del daño por 5,677 pesos. Una cifra que, para la familia de la víctima, resulta no solo insuficiente, sino profundamente dolorosa frente a la magnitud de la pérdida.

“¿Dónde queda la justicia para mi hija?”, cuestionó Carmen Becerra, madre de Leyla, quien ha manifestado su intención de apelar la resolución.


Un crimen que estremeció a toda una comunidad

El caso conmocionó a Sonora desde septiembre de 2025, cuando Leyla fue reportada como desaparecida. Días después, su cuerpo fue localizado enterrado en la vivienda de una de sus amigas, revelando una historia marcada por la traición, la violencia y el silencio.

Las investigaciones de la Fiscalía estatal señalaron que la adolescente murió por asfixia mecánica, en un contexto donde, según la familia, existían indicios de violencia previa e incluso material que documentaba la agresión.

Más allá de los datos, lo que permanece es la herida: una madre que no pudo despedirse de su hija y una comunidad que aún intenta comprender cómo una relación de cercanía pudo convertirse en tragedia.


Cuando la ley no alcanza para nombrar el dolor

El sistema de justicia para menores en México prioriza la reintegración social sobre el castigo. Sin embargo, casos como el de Leyla confrontan esa lógica con la realidad de delitos graves como el feminicidio.

La resolución judicial ha dejado una sensación de vacío. No solo por la duración de las penas, sino por lo que representan simbólicamente: una vida arrebatada, frente a sanciones que muchos consideran desproporcionadas.

“Ni con la cárcel me pagan el daño que le hicieron”, expresó la madre, en una frase que resume el sentir de muchas familias que enfrentan pérdidas irreparables.


Una reflexión pendiente

El feminicidio de Leyla Monserrat no es solo un caso aislado. Es un reflejo de las violencias que atraviesan a las juventudes, de las fallas en la prevención y de los límites de un sistema que, en su intento de ser justo, a veces deja preguntas sin respuesta.

Hoy, más que nunca, el país se enfrenta a una reflexión urgente:
¿cómo se construye justicia cuando las víctimas ya no están?
¿y cómo se evita que historias como esta vuelvan a repetirse?

Porque detrás de cada cifra, hay un nombre.
Y detrás de ese nombre, una historia que merecía seguir viva.

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