Buscar en México también se ha vuelto una sentencia de riesgo

 Buscar en México también se ha vuelto una sentencia de riesgo

En México, buscar a una hija o a un hijo desaparecido se ha convertido en una tarea que no solo duele: pone la vida en peligro. Las madres buscadoras, quienes han sostenido con sus propios cuerpos la ausencia del Estado, hoy enfrentan una nueva frontera del miedo: la violencia que incluso les impide buscar.

@Fonema / México 

El colectivo Sabuesos Guerreras, en Sinaloa, informó que al inicio de 2026 redujo en un 90% sus búsquedas de campo debido a las condiciones extremas de inseguridad. La presencia de posibles artefactos explosivos ocultos en zonas de rastreo obligó a las familias a tomar una decisión imposible: proteger su vida o seguir buscando a sus desaparecidos.

María Isabel Cruz Bernal, representante del colectivo, lo dijo con claridad: las madres han tenido que replegarse, cambiar de estrategia y enfocarse en lo jurídico, no por voluntad, sino por supervivencia. Buscar en campo ya no solo significa encontrar restos; significa arriesgarse a no volver.

Este escenario no es exclusivo de Sinaloa. Es el reflejo de una crisis nacional donde las familias hacen el trabajo que le corresponde al Estado, sin garantías, sin protección y sin respuestas. La exigencia de Sabuesos Guerreras de contar con un área de análisis de contexto para los casos de desaparición —solicitada desde hace cuatro años— sigue sin ser atendida. La falta de investigación real mantiene los expedientes estancados y perpetúa la impunidad.

En el ámbito forense, la deuda es igual de grave. Sin el equipo especializado necesario para la identificación de restos, los centros de resguardo operan de manera precaria, con el riesgo de que cuerpos sin identificar regresen a fosas comunes. En México, incluso los muertos pueden desaparecer dos veces.

La crítica del colectivo hacia la Fiscalía Especializada en Desapariciones expone otra herida abierta: la falta de sensibilidad institucional. Las madres no solo cargan con la ausencia de sus hijos, sino también con la indiferencia de las autoridades que deberían acompañarlas.

A pesar de todo, las madres buscadoras no se rinden. En medio del repliegue forzado, Sabuesos Guerreras prepara una exposición en la Catedral de Culiacán y la pinta de un mural el próximo 26 de enero, cuando se cumplen nueve años de la desaparición de Yosimar, hijo de María Isabel Cruz. Porque cuando el Estado falla, la memoria se vuelve resistencia.

Desde Fonema, único medio en Michoacán que da voz a las mujeres, nombramos esta realidad como lo que es: una emergencia nacional. Las madres buscadoras no deberían elegir entre vivir o buscar. No deberían caminar solas ni entre explosivos. No deberían hacer el trabajo que le corresponde a un país entero.

Buscar no debería ser un acto heroico.
Buscar debería ser un derecho garantizado.
Y mientras eso no ocurra, las madres seguirán buscando, aunque el miedo también las esté buscando a ellas.

Otras noticias